(Textos extraídos de los libros “El juego Consciente” y “Sacando Jugo a Juego- Guía para vivir Jugando” de Fidel Delgado

JUEGOS SIN JAULA (Volvamos a jugar fuera de la Jaula!!!!)

El mundo parece una jaula.

Quizás por eso fuimos educados en jaulas.

En la puerta de las jaulas desapareció la J para despistar y convencernos de que lo que allí aprendido era para nuestro bien. Así aprendimos a ser gentes de provecho…Más bien nos aprenhendieronpara servir de provecho. Cada uno desde su jaula.

Menos mal que los ratos de (j)aula estaban compensados con las libertades del re-creo. Allí podíamos crear, inventar y ser señores de nuestros juegos. En la (j)aula te enseñaban a ser “como Dios manda”. En el recreo mandabas tú como un dios: creas y destruyes cada poco un nuevo juego. Porque importa jugar y no el juego en sí. En la (j)aula importa que el juego no cambie y de unos a otros se hereda todo como inamovible: seriedad es ser hechos en serie y que el proceso entero, del comienzo al fin, esté reglamentado.

Cuando Jugamos los adultos apenas nos atrevemos a recuperar el recreo. Inventar, divertirse, improvisar, ser banal, ser espontáneo es una auténtica reconquista de la madurez. Incluso, si jugamos, se hace en espacios y tiempos bien señalizados, como con pudor. Para que nadie crea que somos así. Estamos de broma, es un juego, es un cursilo sobre el jugar. Es una excepción al estado de seriedad habitual.

El juego está enjaulado—

¿Quién lo desenjaulará?

El desenjaulador que lo desenjaule…

Como dios lo pasará (¡¡Palabra!!)

JUGAR ES VIVIR Y LA VIDA ES UN JUEGO

Jugar, cuando se juega de verdad, produce alegría, vitalidad y satisfacción. Lo contrario de lo que parece producir el estilo de vida que llevamos muchos ciudadanos. Al no tomarnos la vida como un juego, nos convertimos en esclavos de muchas actitudes aprendidas que creemos no poder variar.

Nuestro “juegos”, producto de una desconfianza no muy consciente, son intentos de protegernos de los demás. Los utilizamos sin darnos cuenta, y su gama es tan reducida que, poco a poco, nos vamos empobreciendo y robotizando. Estos “juegos” nos sirven de escudo mientras nuestro ser se mantiene desvitalizado y aburrido, sin la alegría que da el sentirse estrenando vida constantemente.

Nos volvemos rígidos para defendernos de los golpes de la vida y esta rigidez nos hace al mismo tiempo frágiles. Las corazas y armaduras psicológicas se rompen con facilidad al recibir golpes y tenemos que fabricar nuevas defensas continuamente,

La persona abierta y vital no precisa de este tipo de reparaciones. Aquel que se relaja y confía en la vida y en sí mismo, asimila también mejor los golpes.

¿Cómo reencontrar la vitalidad perdida? ¿Cómo desprogramarse de “juegos”? simplemente, introduciendo en ellos consciencia, es decir dándose cuenta de cómo actúa. Observaremos así lo innecesario que es estar a la defensiva en muchas ocasiones, y nos permitiremos confiar progresivamente en nosotros mismos y en los demás.

SABOREAR LOS JUEGOS

Creo que florece la sabiduría en una persona cuando llega a darse cuenta de la jugada que nos hizo el “ego”. Gracias a que nos olvidamos de estar jugando, a los humanos nos es posible tomarnos “en serio absolutamente “  algo. Solo así es posible sacrificar al desempeño de un papel  la inmensa cantidad de energía, de vida, que a veces exige.

¿Cómo se amputarían las gentes sus principales afectos, capacidades y hasta la vida si no estuviesen en la alucinación de que no hay más juego que el que están jugando? Es bueno olvidarse de jugar. Debe serlo porque así es. Es bueno y mejor volver a jugar, recuperar el juego. Debe serlo porque quienes lo hacen disfrutan más de la vida y parecen sacarle jugo a todos los juegos. Alguien que haya olvidado jugar habrá olvidado, también, vivir.

“El que olvidó jugar

Que se aparte de mi camino

Porque para el hombre es peligroso” Sófocles

Sabiduría puede ser la comprensión de que todos los juegos hacen juego. Y cada uno tiene su momento bajo el sol. Cada juego tiene un tiempo propicio para ser jugado.

Jugar es, para el hombre, la mejor higiene que existe. Al recuperar el juego rehabilitamos funciones que la especialización y la seriedad nos han amputado.

Se rehabilitan estancias de la casa propia que fueron cerradas para dedicarse a un solo negocio: al no-ocio.

Al recuperar el juego uno “vuelve a casa”. Uno vuelve a su habitación con vistas a la infancia.

Como el hijo pródigo, que se fue a conquistar mundos, gastó su fortuna, se jugo en mil juegos su herencia y casi se cree que su juego y destino final era cuidar cerdos.

Recordó a tiempo su origen, sus “posibles” abandonados en casa.

Sólo el hijo serio, el fiel a un solo juego, protesta. Y no comprende, valora, ni disfruta la casa, el padre, el hermano, ni el convite ni la fiesta de recuperar el origen. El sabio sabe que juega y saborea jugar “en serio” cualquier juego. Así puede tomarse a si mismo en broma

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