El descanso no consiste en salir sino en regresar.

Todo descanso auténtico nos devuelve a esa casa que es nuestro cuerpo y a ese hogar que es el corazón.

Todo descanso es pausa: parada y fonda o, mejor dicho, parada y fondo, porque todo descanso es un descenso, un tocar las honduras que nos lanzan con otra presencia a la superficie del mundo.

Descansar es pararse… volver a descansar es re-pararse.
Nos reparamos en las pausas que significan nuestros descansos.
Cada parada, cada pausa, cada descanso nos coloca en el aquí y nos instala en el ahora.
La invitación de todo descanso es estar aquí.
El reto que nos lanza el tiempo de descanso es permanecer aquí.
Toda nuestra vida, todo lo que somos está aquí.
La Vida siempre nos necesita aquí.
No hay otro lugar para vivir que este aquí.
El aquí seduce, abraza y acoge al ahora.
Aquí y ahora, las dos caras del descanso.
Aquí y ahora, sístole y diástole del corazón enamorado de lo que en ese momento tiene delante.
Quédate aquí porque estar aquí es comprometerte y entregarte a este ahora.
Sólo existe un lugar para ti: Aquí.
Si estás aquí estás en presente, eres un presente y el mundo te recibe como regalo.
Meditar en el  silencio es el modo supremo de descanso porque el Silencio es el arte de saber estar aquí.
Si te descubres huyendo, simplemente vuelve.
Si te reconoces distraído, simplemente regresa.
Vuelve aquí. Regresa a este ahora. Habita aquí. Siente y vive este instante.
El viaje por excelencia es al aquí.
El turismo del descanso nos lleva a recorrer las costas y litorales del corazón.
El ahora es el momento del alma.
En el aquí y en el ahora, el descanso recupera su alcance espiritual y su dimensión más humana y sagrada.

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